viernes, 23 de septiembre de 2011

Unidad 4: LO QUE NO DEBEMOS HABLAR



HABÍA UNA vez un niño que se llamaba Juan. Él era muy listo y lleno de amigos. Sus padres lo educaban de acuerdo con la Palabra de Dios y Juan sabía que no debía envolverse con las cosas equivocadas o decir malas palabras.
Un día llegó un nuevo alumno a la escuela, que se llamaba Leo, un niño muy travieso, que no pensaba antes de tomar actitudes y no respetaba a nadie. Bastaba que fuese contradecido para luego armar problema por todo y, por eso, nadie quería ser su amigo. Juan era diferente, trataba bien a todos sus amigos y Leo tenía envidia de él.
Ocurrió que un día ellos estaban en la escuela y Leo comenzó a decirle de todo en la frente de sus amigos. Él pensó que Juan se defendería diciendo también palabras feas. Niños, pero esta vez Juan era el diferente:
- Estas palabras son muy feas, no hables así. Algún día te puede ocurrir de encontrar a alguien que también te maltrate, pero yo pido a Dios que te bendiga. Mi mamá me enseñó que debemos tratar bien a las personas.
Juan se fue y Leo con tanta vergüenza ni conseguía mirar para los otros niños. Leo se dio cuenta que Juan era un niño diferente y preguntó por qué él no lo había tratado mal. Juan le explicó que había aprendido en la EBI a respetar a las personas. Él lo invitó a Leo para ir a la escuelita, y él aceptó la invitación y aprendió sobre la Palabra de Dios. ¿Qué cosa linda, no es cierto?


CONCLUSIÓN

Debemos saber qué tipo de fuente ha sido nuestra boca: una fuente que habla solamente palabras bonitas y buenas o una fuente que es mala y habla palabras feas. Debemos agradar a Dios y hablar buenas palabras. Muchas personas viven hablando palabras feas que entristecen los otros, pero nosotros debemos hablar palabras que alegran a Dios y las personas que están a nuestro alrededor, ¿amén niños?







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